Queríamos una tarta para mi hija de 3 años que gritara "alegría infantil y derechos de autor respetados, bieeeen". Lo que llegó fue... algo más creativo. La vida te da preguntas profundas: ¿Qué es la identidad? ¿Puede un oso ser lo suficientemente oso sin su Masha original? ¿Y si todo lo que creías saber sobre el branding de productos de fiesta infantiles era una mentira?? Compré estas decoraciones para su cumpleaños. Ella quería a Masha y el Oso. Lo que llegó fue Masch y el Oso. No es un error tipográfico. Es un estilo de vida. Una declaración de intenciones. Las pruebas (o cómo engañar a una niña con cariño y propiedad intelectual creativa): - Prueba de Reconocimiento: Nuestra hija de 3 años los vio y gritó "¡Masha!". Acto seguido, se quedó mirando fijamente como diciendo: "...Parece que Masha ha pasado un mal día... pero la quiero igual". - Prueba de Montaje: Son de ese plástico que cruje como si estuvieras rompiendo los sueños de un abogado de Disney. Colocarlos en la tarta fue fácil. Lavar la conciencia, no tanto. - El "Valle Inquietante" de la imitación: No son lo suficientemente malos como para ser graciosos, ni lo suficientemente buenos como para ser legítimos. Están en ese punto justo que te hace sentir un poco culpable, como comprar unas gafas de sol en un puesto callejero. - La prueba del purgatorio legal: Cada vez que mirabas la tarta, sentías que un abogado en algún lugar de Rusia estornudaba, pero no sabía por qué. Una Masha que ha pasado por una crisis existencial y una fiesta salvaje el día anterior. El oso, por su parte, tenía una mirada que decía: "...Yo también firmé este contrato en una nave industrial a las 3 de la mañana". Físicamente, eran impecables. Espiritualmente... espiritualmente estaban en huelga. Lo bueno: ✔ Colores vibrantes: Los tonos son alegres. Son los colores correctos y son alegres. Por suerte, no es como una película imitación de Marvel filmada con un filtro de Instagram. ✔ Aprobado por la usuaria: A mi hija le encantaron, ella vive en un mundo donde la imaginación llena los vacíos legales. En su mente, Masha (Masch) y el Oso vivieron una aventura épica en esa tarta. ✔ Funcionan como decoración: Cumplen su función de clavarse en una tarta y hacer que un niño sonría. La felicidad, al parecer, no requiere autenticidad. ✔ Factor "meme": Son tan absurdamente falsos que se vuelven entrañables. Tu tarta tendrá personalidad... y posibles problemas legales. ✔ Precio": Bueno... el precio para lo que es, me parece caro. Pero imagino que la versión con copyright será bastante más cara. Lo "malo" (o la cruda realidad del copyright alegre): Precio: Por 10 euros no esperas que sea Masha en persona, a tamaño real, en 3D y dolby suround, claro. Pero... pero esperas que sea Masha de ESTA dimensión. Son más falsos que un billete de madera de 3,7 euros. Y Masha (perdón! Masch!) tiene una mirada ligeramente psicótica, en serio. Cuando miras a esa Masha y ella te mira a ti... sabes que está calculando la situación. Y el Oso... el oso parece haber visto cosas que no puede olvidar. Relacionados con Marsh? Prefiero no saberlo. El caso es que parecerse se parecen... Que tampoco los originales es que sean dibujos hechos por Velázquez. La calidad es... existente: Se nota que son de un plástico. No esperes dejarlo como legado familiar. Disonancia cognitiva: Cada vez que los miras, una parte de tu cerebro te susurra: "Eso no es Masha. Huye!! Mirala!! Es peligrosa!! Y es un fraude! Un fraude peligroso!! Pero... pero hace feliz a tu hija, pero es un fraude al fin y al cabo! Bucle. Error 404.". Veredicto final: Si eres un padre/madre funcional que prioriza el presupuesto y la sonrisa inmediata de su retoño sobre los intrincados detalles del copyright internacional, estas decoraciones son tu mejor (y peor) opción. No estás comprando unos muñecos. Estás comprando una lección de vida: que a veces, la felicidad no es original, sino una sincera y entrañable copia "Panasoanic". No incluyen un abogado en el paquete: Se agradecería. O al menos un documento que diga "Esto es solo para uso doméstico, por favor no nos demande". ⭐ 3.0 estrellas (5 por hacer feliz a mi hija, -1 por el daño acumulado a mi alma cada vez que digo "Masch" en voz alta, -1 porque... porque por 10 euros... por 10 euros...). PD: Nuestra hija los adora. Le he dicho que son los primos lejanos de Masha, los que vinieron del pueblo. Se lo ha creído. La infancia es maravillosa. PD2: Si alguien de la división anti-piratería de Disney lee esto, fue un ejemplo hipotético. No tenemos el producto. No tenemos ninguna tarta. No tenemos ninguna hija. No queremos problemas. PD3: Si los compras, prepara una explicación por si un niño purista en la fiesta pregunta: "Oye, ¿y por qué Masha tiene la cara un poco... rara?". Porque está de resaca, hijo.