Tintero más bonito que práctico, con la ya clásica forma de flancos acanalado, pero ahora el nombre y el inconfundible logotipo de la cima nevada están impresos con el color del producto sobre una etiqueta blanca. Está en el mercado junto a la azul Permanent Blue desde finales de 2013. La tinta es oscura y fluida a pesar de ser pigmentada (y no ferrogálica, como sí eran las antiguas Montblanc Blue Black y Midnight Blue). Al escribir se nota una buena lubricación, con un ligero sombreado en plumín ancho. Dentro de la gama de negros de la firma de Hamburgo ofrece un color más intenso, pero de distinta cromatografía a la similar Mystery Black. Seca a una velocidad aceptable (con la complicidad del papel, algo rugoso) y con buen cuerpo, como suele ocurrir con las tintas permanentes, por eso es menos apta para plumines finos o extrafinos, y más especialmente si usamos los japoneses. Su resistencia al agua no es absoluta, aunque es la propia de este tipo de tintas. Esto es MUY IMPORTANTE: al igual que con otras tintas permanentes, aunque se use casi a diario conviene cada semana vaciar el depósito de la estilográfica en el propio tintero y limpiarla con cuidado, dejándola secar bien, y volviendo a llenarla después para continuar escribiendo sin problemas. Según la propia Montblanc, cumple los criterios de resistencia a la luz, al agua y a otros componentes químicos fijados en la norma ISO14145-2:1998 para uso documental y archivístico (.DOC) de los “Rollerball pens & refills”. No existe una norma ISO que estandarice estas características en las tintas para estilográficas, por eso algunas marcas acreditan superar con éxito los requisitos de permanencia fijados en normas análogas a la citada, como la ISO 12757-2:1998 para bolígrafos y sus recambios: se prueba la resistencia al borrado, al etanol, al ácido hidroclorídico, al hidróxido de amonio, al lavado con agentes blanqueantes, al agua y a la luz. Otras marcas incluso certifican el cumplimiento de las exigencias técnicas fijadas para su uso en documentos públicos, como la ‘Rohrer & Klinger Dokumentus’, que cumple lo estipulado en la „Dienstordnung für Notarinnen und Notare” (DONot, §29), reglamento alemán equivalente a la legislación notarial española. En nuestro ordenamiento no hay una norma al respecto: en el vigente art. 152 del Reglamento Notarial sólo se menciona que los instrumentos públicos, con independencia del medio de reproducción, han de ser perfectamente legibles y “marcados en el papel en forma indeleble”, aunque en la redacción original del artículo sí se exigía “tinta indeleble”, fórmula que sobrevivió desde su promulgación en 1944 hasta la segunda reforma del precepto en 1967. Cuando un notario nos ofrece un humilde bolígrafo para firmar en lugar de nuestra querida estilográfica siempre habremos de aceptar su recomendación, pues vela en todo lo posible por la veracidad del documento del que da fe (y no merece la pena intentar convencerlo de las virtudes de nuestra tinta, créanme) Las tintas japonesas Sailor Kiwaguro (mi favorita) o Platinum Carbon Ink no acreditan ningún tipo de certificación, pero también son excelentes.